jueves, 5 de marzo de 2015

No Estoy Ni Ahí

Tanto le ha costado a la historia lograr lo que tenemos en términos de organización social, gobierno y derechos de los ciudadanos, que sorprende lo poco que lo valoramos. Puede que muchos pongan en duda el hecho de que esto sea una democracia usando argumentos idealistas o puristas y sin embargo tenemos derecho a sufragar en un sistema relativamente transparente, con un nivel de seguridad en el sistema superior a muchos países. El problema no es que el gobierno corrupto altera los votos y manipula los resultados, el problema es que no votamos y que los que votan parecen no estarlo haciendo por alguien que los represente. El problema es que no estamos ni ahí, ni para hacer uso de nuestro derecho a voto ni para hacer uso de nuestro derecho a ser candidatos y nos quejamos del resultado.

Ah! Pero tomamos riendas en el asunto, nuestra mayor acción de disconfort es presionar el botón compartir. Incluso, algunas veces, hacemos nuestros propios comentarios o memes. No somos capaces de modificar lo que nos molesta, como sociedad estamos echados plácidamente en nuestra zona de confort quejándonos de que nadie mueve un dedo y que las cosas están mal. Nos hemos transformado en un pueblo nihilista, al fin y al cabo, las cosas están mal, pero en realidad no están tan mal como para que hagamos algo más que hacer una marcha de vez en cuando y publicar las fotos en las redes sociales.

Estoy de acuerdo, pues lo he visto de cerca, en que el sistema está viciado y estancado. Los puestos de poder apernados y apitutados, es casi imposible entrar al sistema, no importan los estudios ni las intenciones. Sin embargo existe una forma de cambiarlo y esta es hacer uso del derecho de voto. ¿pero por quién votamos? bueno, hay otro derecho, el de ir y decir "yo quiero hacer algo, voten por mí".

Por favor, menos Chino Ríos y más Gabriel Boric.


Salud por eso.

martes, 20 de enero de 2015

Centros de Madres y la Política Chilena

No vayan a creer que esto es pelar por pelar. Yo también pertenezco a un partido político, a la DC. Pero las cosas como son. Los partidos políticos hoy por hoy no son más que centros de madres. Tan sólo les falta el mate y el tejido. Se juntan a hablar del pasado, hacen homenajes y conmemoraciones, pelan a los vecinos. Incluso una vez, en una reunión en plenos siglo 21, escuché decir: “Es que los comunistas…” y no sabría decirles que más, porque ahí dejé de escuchar y a los poco minutos me fui. Esto a nivel de núcleos periféricos, comunales, regionales.

Un poco más profesionalmente, entramos en la elite intelectual (no así de poder), que discute los grandes temas. Horas y horas gastadas, recursos, congresos, especialistas, y creen que el sólo hecho de discutir va a cambiar algo. En realidad no hacen nada, lo que se discute queda ahí, no se usa para nada, no le interesa a nadie más que a los presentes, y sólo mientras dura la reunión. Por supuesto que siempre saltan a colación los grandes ideales, normalmente en voz de algún cuasi prócer, ¡y como no nombrarlos!, y es que no hay nada más importante que la paz mundial y el fin del hambre.

Finalmente llegamos a los verdaderos grupos de poder, que a fin de cuentas actúa por su propio pensamiento, influenciados por la ideología correspondiente.
No hay articulación, y tristemente hay una gran estratificación. A primera, segunda y tercera vista parece una pirámide de clases de la Edad Moderna, tan ajena a la nueva sociedad líquida, que poco atrae a una generación que cree en la horizontalidad, la cooperación, la transparencia, lo mutable y que funciona en red.

Es hora de que las cabezas en política dejen de ser monárquicas, los linajes han demostrado históricamente no ser efectivos, esto sin contar que sólo anquilosan  las instituciones. Es hora de que surjan líderes, capaces de articular los distintos estratos, encausar a la gente en un sendero central. Es hora de que dejemos de vivir en el pasado y de la paja en el ojo ajeno, hagámonos cargo de nosotros, adaptémonos a una sociedad mutable, con otras escalas jerárquicas, que funciona en redes, para la cual la información es un bien común e innegable y lo material desechable.


A ver si somos capaces de tomarlo con autocrítica y algo de humor.

sábado, 17 de enero de 2015

PENTA: El conflicto que debería llevarnos a terapia de pareja

El sistema electoral, el crecimiento poblacional y las TIC’s han hecho que candidatearse sea un gasto que reventaría la capacidad de contar de muchos de nosotros. Las cifras que se oyen asociadas al caso PENTA son un pelo de la cola de los reales gastos de las campañas. Ya nadie hace discursos en la vega o regala su trabajo en las poblaciones. Los favoritos no se pasan por boca del vecino o el amigo, el crecimiento de los medios ha hecho que candidatearse sea una tarea profesional, de muchos profesionales. Diseñadores, publicitas, coach, periodistas, asesores de imagen, y un sinfín de profesionales que se fijan en cada detalle explicito, implícito o subliminal. No hay bolsillo que aguante. Pero si me regalan dinero puedo hacerlo, pero si me regalan dinero quedo comprometido. Es un sistema viciado, sin lugar a dudas.

Leí por ahí un artículo que hablaba de la inadecuada educación moral de los grupos de poder en Chile. Creo que independiente del estrato donde nos encontremos, sucederían cosas similares. En general la gente tiende a buscar el beneficio propio. Muchos de nosotros hemos bromeado con la necesidad de alguna donación de Farkas, y creo que, en general, no nos haríamos grandes problemas en aceptar “regalos” de ese tipo. Tener una moral intachable es mucho más difícil de lo que parece en el discurso y sin lugar a dudas es una tarea que requiere gente ejemplar. De todo esto, lo único 100% reprochable es la evasión de impuestos por parte del grupo PENTA bajo el alero de los políticos afectados, lo demás entra en el territorio gris de la ley, no así de la moral.

Sin embargo creo que, así como profesores y sacerdotes son considerados especiales ante la ley por representar la moral, parlamentarios y políticos deberían tener la misma carga, pues son los representantes de nuestros valores e ideales y esto parte por cumplir la ley. Me parece insólito, por decirlo menos, que permanezcan en sus cargos. Y no me refiero con esto a que no hayan renunciado, sino a que la ley les permita quedarse.

No he visto ninguna marcha en pos de exigir que esta gente salga de sus puestos. Nos burlamos, hacemos memes, escribimos artículos de blog, sin embargo allí siguen ellos, legislando sobre nuestras vidas, ganando buen dinero por ello y burlándose de las leyes que ellos mismos nos imponen. Que ellos permanezcan en sus cargos es reflejo de nuestra indiferencia al respecto, un círculo vicioso que disocia a los ciudadanos de sus gobernadores generando una relación patológica tantas veces vista en parejas que llegan al psicólogo. “En general ya ni le hablo, prefiero evitar toparme con él, pero si me dice que no puedo salir a la calle con escote me enojo y le grito, a veces llegamos a las manos. Al final salgo con otra polera”.  

Un delincuente asalta a alguien y lo amarramos con alusa plast a un poste sin ropa. Un grupo de políticos hace fraude por millones, promete favores que afectan el vivir de cada uno de nosotros, favores que eventualmente pueden ser dañinos para todos, se mantienen en sus puestos y nosotros seguimos pagándoles por representarnos y hacemos memes.


Entonces, ¿Qué vamos a hacer? ¿Mantener nuestra relación patológica, acordar nuevos términos en nuestra relación o divorciarnos de la mejor manera posible?  

jueves, 15 de enero de 2015

De la imposibilidad del "No Ser"

No creo que sea cierto que las nuevas generaciones no están interesadas en política, creo que nos hemos olvidado de lo que política significa.

La política se trata de buenas intenciones, del otro. Etimológicamente de los ciudadanos, el derecho y deber de los ciudadanos de administrarse. Sobre esto agregamos nuestras creencias, lo que nosotros creemos que es bueno para todos y para el resto. Sin embargo estas creencias, crianzas o ciencias, no deberían cegarnos al respecto de lo que la gente realmente necesita, que, sin lugar a dudas, tiene que ver con lo que la gente pide.

Tenemos poca confianza en la capacidad de la sociedad de conocer sus propias necesidades. Esta actitud está  tanto en gente que trabaja en política, como en personas de distintas áreas opinando al respecto. Tendemos a pensar y opinar, en actitud paternalista, que la gente no está preparada para hacerse cargo de sí misma u opinar al respecto de que los afecta, porque no han estudiado, porque son egoístas, porque nosotros sí sabemos.

La política del pasado vibró gracias a líderes. Mitos, leyendas, figuras, héroes que representaban el sentir de la masa, que canalizaban la esencia de sus múltiples demandas en una única senda. Los grandes movimientos nacen de gente que es capaz de interpretar a la multitud y que traduce sus demandas en grandes valores, que, sin importar la época, mueven lo más profundo de nosotros. Porque en alguna parte todos confluenciamos.


Política es hacernos cargo de nosotros como sociedad, gerenciarnos. Política es escuchar para avanzar.