No vayan a creer que esto es pelar por
pelar. Yo también pertenezco a un partido político, a la DC. Pero las cosas
como son. Los partidos políticos hoy por hoy no son más que centros de madres. Tan
sólo les falta el mate y el tejido. Se juntan a hablar del pasado, hacen
homenajes y conmemoraciones, pelan a los vecinos. Incluso una vez, en una
reunión en plenos siglo 21, escuché decir: “Es que los comunistas…” y no sabría
decirles que más, porque ahí dejé de escuchar y a los poco minutos me fui. Esto
a nivel de núcleos periféricos, comunales, regionales.
Un poco más profesionalmente, entramos en
la elite intelectual (no así de poder), que discute los grandes temas. Horas y
horas gastadas, recursos, congresos, especialistas, y creen que el sólo hecho
de discutir va a cambiar algo. En realidad no hacen nada, lo que se discute
queda ahí, no se usa para nada, no le interesa a nadie más que a los presentes,
y sólo mientras dura la reunión. Por supuesto que siempre saltan a colación los
grandes ideales, normalmente en voz de algún cuasi prócer, ¡y como no
nombrarlos!, y es que no hay nada más importante que la paz mundial y el fin del
hambre.
Finalmente llegamos a los verdaderos grupos
de poder, que a fin de cuentas actúa por su propio pensamiento, influenciados
por la ideología correspondiente.
No hay articulación, y tristemente hay una
gran estratificación. A primera, segunda y tercera vista parece una pirámide de
clases de la Edad Moderna, tan ajena a la nueva sociedad líquida, que poco
atrae a una generación que cree en la horizontalidad, la cooperación, la
transparencia, lo mutable y que funciona en red.
Es hora de que las cabezas en política
dejen de ser monárquicas, los linajes han demostrado históricamente no ser efectivos,
esto sin contar que sólo anquilosan las
instituciones. Es hora de que surjan líderes, capaces de articular los
distintos estratos, encausar a la gente en un sendero central. Es hora de que
dejemos de vivir en el pasado y de la paja en el ojo ajeno, hagámonos cargo de
nosotros, adaptémonos a una sociedad mutable, con otras escalas jerárquicas, que
funciona en redes, para la cual la información es un bien común e innegable y
lo material desechable.
A ver si somos capaces de tomarlo con
autocrítica y algo de humor.