No creo que sea cierto que las nuevas generaciones no están
interesadas en política, creo que nos hemos olvidado de lo que política
significa.
La política se trata de buenas intenciones, del otro. Etimológicamente
de los ciudadanos, el derecho y deber de los ciudadanos de administrarse. Sobre
esto agregamos nuestras creencias, lo que nosotros creemos que es bueno para
todos y para el resto. Sin embargo estas creencias, crianzas o ciencias, no
deberían cegarnos al respecto de lo que la gente realmente necesita, que, sin
lugar a dudas, tiene que ver con lo que la gente pide.
Tenemos poca confianza en la capacidad de la sociedad de
conocer sus propias necesidades. Esta actitud está tanto en gente que trabaja en política, como
en personas de distintas áreas opinando al respecto. Tendemos a pensar y
opinar, en actitud paternalista, que la gente no está preparada para hacerse
cargo de sí misma u opinar al respecto de que los afecta, porque no han
estudiado, porque son egoístas, porque nosotros sí sabemos.
La política del pasado vibró gracias a líderes. Mitos,
leyendas, figuras, héroes que representaban el sentir de la masa, que
canalizaban la esencia de sus múltiples demandas en una única senda. Los
grandes movimientos nacen de gente que es capaz de interpretar a la multitud y
que traduce sus demandas en grandes valores, que, sin importar la época, mueven
lo más profundo de nosotros. Porque en alguna parte todos confluenciamos.
Política es hacernos cargo de nosotros como sociedad,
gerenciarnos. Política es escuchar para avanzar.
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