lunes, 15 de agosto de 2016

Neg-Entropía: Una Teoría Sobre el Amor


Tengo mi propia teoría sobre la gente y sus relaciones, sobre toda la materia y sus relaciones en realidad, desde los quarks (o lo que sea más pequeño que eso) hasta los planetas, las galaxias y cúmulos de galaxias (o lo que sea más grande que eso). Yo creo que existe una sola fuerza de atracción. Esta fuerza ha sido denominada de distintas formas en los distintos niveles dependiendo, por ejemplo, de las formas que crea. Gluon, electromagnetismo, gravedad. Entre humanos inventamos decenas de nombres distintos, entre estos, Amor (Perdonen la mayúscula, pero soy una secuelada de Ami). En palabras de Einstein "cualquier desviación en la dirección del espacio dimensión tiempo, que es perpendicular al espacio tridimensional".

Por otro lado, e intentando explicar esto lo mejor posible, no creo que haya gente "mejor" o "peor" que otra, sino tan sólo que hay gente que está en el lugar que tiene que estar y gente que no ("Lugar" en términos bien amplios), algo así como la historia del patito feo. Una célula del páncreas en medio del cerebro no va a encajar, ahí no se entiende con los que la rodean, no es productiva, no logra comunicarse ni crear y, además, si sigue siendo mal estimulada, puede generar un cáncer u otra enfermedad. Creo que lo mismo sucede con los humanos. 

Como humanos nos juntamos con gente con la que podemos comunicarnos, con personas, lugares, movimientos, actividades, donde seamos capaces de crear, donde el todo es más que la suma de las partes. Pero para eso tenemos que saber quienes somos, escucharnos, hacernos caso y, sobre todo, no limitarnos. Y es ahí donde comienza el problema, porque, como sociedad hemos creado una red monstruosa donde está determinado el cómo "debemos", el cómo debemos pensar, el qué debemos sentir y qué no, el qué debemos hacer, y por sobre todo, el cómo se supone que debemos ser. Y como nacemos ahí, no nos damos cuenta de que son límites y crecemos como los gatitos en botella que tanto dieron que hablar hace algunos varios años ya (Caída de carnet asumida). 

En un sistema bien organizado, dos células pueden comunicarse creando una señal que active algo en su entorno o entre ellas mismas, o, generando química que viaje por el torrente sanguineo y llegue a otro lado,  iniciando otros movimientos en un órgano completamente distinto, o en el sistema completo, y esto puede movilizar al humano a hacer algo "allá afuera" y quizás cambiar el mundo. Todo porque dos células estaban en el lugar correcto y se entendían entre ellas (comprenderán que esto puede seguir eternamente hacia lo micro y eternamente hacia lo macro), y ninguna parte del sistema es "mejor" o "peor" que otra, sencillamente ocupaban su "Lugar-Tiempo".

En un sistema organizado, la reunión adecuada de celulas crea órganos, y la reunion adecuada de órganos crea sistemas, y todos estos se comunican entre sí e interaccionan de manera armónica y crean un ser humano (en este caso). La reunión adecuada de humanos, de estos con el resto de la materia, la distribución adecuada de la vida en torno a un núcleo caliente, la organización armónica de los planetas en torno a una estrella y de este sistema con otros a su alrededor. Cualquier cosa, bien ubicada, haciendo caso de las fuerzas de atracción y ocupando su lugar, crea y colabora con la expansión de la creación y su eterno movimiento y armonía. Puede que una célula del páncreas al lado de una neurona no logre comunicarle nada, puede que jamás se entiendan, pero ciertamente que la creación, el producto de una interacción adecuada de las células pancreáticas sí puede comunicarse con el cerebro (y lo hace, sin lugar a dudas). De esta misma forma, puede que yo en persona me lleve super mal (por ejemplo) con Rosana, que nuestras fromas, nuestras químicas, no sean compatibles, pero si Rosana está en su lugar y crea una canción y yo estoy en mi lugar y escucho su cancion, esa canción no sólo altera mi química de una manera armónica, sino que puede llevarme a mí a crear algo, a hacer un movimiento, puede inspirarme, puede hacer que me de cuenta de algo, puede hacerme cambiar el mundo.

Uniendo entonces ambas partes de la historia, en esta teoría, la fuerza de atracción que nos aglutina en torno a los lugares donde somos capaces de ser en plenitud, es el Amor (podría haber escogido los gluones o la gravedad, pero creo que no somos lo suficientemente pequeños, ni lo suficientemente grandes como para sentirnos cómodos con esos nombres). En mi teoría, el Amor es la fuerza de atracción que organiza la materia de tal forma que pueda crear vida. Es la Neg-entropia. Y mientras mas logremos hacer fluir este Amor, mientras menos lo limitemos, mas limpia es la forma que se crea, más sana.

Así el "Amor Propio" (entre comillas porque creo que ha sido un concepto muy manoseado y quiero ajustarlo un poco), entendido como la capacidad de amarse a si mismo y no como egocentrismo, arrogancia ni egolatría, nos organiza a nosotros mismos. La expresión pura y sin limitaciones del amor a sí mismo, crea, por tanto, una forma de vida completamente sana. Las células, los órganos, las emociones, los pensamientos y todo lo que haya más denso o más sutil que eso, está exactamente en el "Lugar-Tiempo" (Insisto, entendido como harto mas que una posición en el espacio) que tiene que estar. Cualquier alteración en este "Amor Propio" crea desajustes. Enfermedades, confusión, miedo, perdida de vitalidad, vitalidad entendida como el flujo de la vida.

Esta misma fuerza de atracción, cuando pasa más allá de nosotros, crea las relaciones con otros seres humanos, con animales, con lugares y hasta con fuerzas de la naturaleza. Hay personas que pertenecen al ártico y personas que pertenecen al trópico, hay seres que se sienten vivos en el agua y otros en las montañas, hay seres hechos para crear hijos y seres hechos para crear pensamientos, hay neuronas, hay células pancreáticas, hay células del colon y hay células de la piel. Hay gente que se muere sin sol. Nadie es más importante que otro, y más importante que eso, nadie es feliz hasta que descubre que es, y la única forma de lograr esto es el "Amor Propio".

Sólo con el "Amor Propio" puedo permitirme ser pese a lo que se me enseñó, pese al lugar donde nací, pese la religión que me tocó, pese a que nos han criado en competencia, pese a que nos han enseñado a vivir otorgándole "valor" a las cosas, diciéndonos que hay seres "mejores" y "peores" (Y que pasa si lo que soy no tiene valor en lo que se me enseñó?). Sólo el "Amor Propio" hace que Happy Feet encuentre el lugar donde quien es "funciona". Y una vez que sabemos (Insisto, "saber" es un término lamentablemente limitado, a lo que me refiero es más bien a una especie de "habitarse") quienes somos, sin lugar a dudas estaremos en condiciones de reconocer nuestro "Lugar-Tiempo" y habitarlo, y claro, consecuentemente ser felices (Y esta es otra teoría donde felicidad no es más que la vibración de la materia-energía cuando puede fluir libremente), que en mi humilde opinión es el fin último de la vida (Además de 42, claro).

Entonces, Amor, Neg-entropía, gravedad, electromagnetismo, gluones, fuerza de atracción o "desviación en la dirección del espacio dimensión tiempo, que es perpendicular al espacio tridimensional", no son más que distintos nombres para lo mismo. En resumen: El amor es la fuerza de atracción que organiza la materia de tal forma que se genere la vida.


Mi humilde teoría.

jueves, 7 de julio de 2016

¿Tangananica o Tangananá?

Conversaba hace algún tiempo con un amigo sobre mi entrada a la carrera política. Yo le decía que me parecía que había que hacer algo, el me decía que la gente que pensaba como nosotros estaba llegando a masa crítica y que los cambios iban a suceder inevitablemente. Yo seguía pensando que"alguien" (¿yo?) debía hacer algo y que todos "ellos" que tenían esta actitud pasiva, "evasiva", según mi juicio, estaban en una posición cómoda.

Luego, pasado un par de meses, me di cuenta de que no importaba cuantas ganas tuviera de hacer algo, desde donde estaba, si quería hacer algo, debía adaptarme al sistema o hacer las cosas por fuera. Pertenecer al mundo político no daba ningún plus (para lo que yo buscaba claro) y el mundo político no podía ser cambiado, pues es una máquina muy grande, pesada y compleja, aunque también vieja. Tras un par de choques contra murallas, uno que otro pinchazo por la espalda y un par de mierdas develadas, renuncié a mi candidatura. A lo que siguió un receso.

Entonces, ¿hay otra forma de hacer las cosas? o ¿tenía razón mi amigo?

Hoy caminaba por Nueva York hacia el metro y me topé de frente con una pareja de turistas. Durante un momento, que no debe haber sido mayor a un par de segundos, la mirada de ella se encontró con la mía. Y la vi. Era una mujer hermosa y chispeante, una mujer tan válida como yo y tan distinta de mi a la vez. De pronto comprendí a todos mis amigos que se van de viaje por el mundo, que cambian de lugar para no morir ahogados, que vibran con percibir el cambio, con recorrer, sin destino. Ellos a los que durante todo este tiempo juzgué como "escapistas". No me pregunten como, pero es como si por un par de nanosegundos eternos me liberé de todos los juicios de mi historia y fui capaz de ver esa realidad, esa forma de ser feliz, esa forma de ser. Y era válida.

Era válida. Y de golpe volvieron todos los años de prejuicios, de "deber ser", de idealismo y sentí que esa forma de ser, aquella que toda la vida critiqué, por evasiva, poco comprometida, por acuosa, por cómoda, de pronto era amenazante. Porque era válida. ¿Y la mía?

Primero, ¿Era la mía real o sólo era la reacción a una vida de prejuicios aprendidos?. Segundo, si era real, ¿Por qué no me está dando saldos positivos? ¿Por que no estoy siendo feliz siguiéndola?

Luego me subí al metro y a mi lado se paró un señor mayor. Habían al menos tres personas que a mi juicio deberían haberse parado para ceder el asiento y ninguna lo hizo. Yo me enojé. Yo no hice nada. Luego vi algún otro par de cosas que me molestaron y que perpetuaron mi enojo. Y esa tan conocida sensación de estar en un mundo al que no pertenezco apareció. También la rabia por no hacer/decir nada. Y las ganas de escapar. La pregunta es ¿A cuál hacer caso? ¿Cuál acción te hace más feliz? ¿Hay una forma "correcta" de hacer las cosas?

Nos han enseñado a juzgar. Como si lo que hiciera el otro de alguna forma afectara el quien soy yo. Nos han enseñado a temer al mundo y a intentar controlarlo, a imponer nuestros juicios como ideales, morales o sentido común. Estamos tan atrapados en la idea de lo que "debemos ser", nacida de juicios aprendidos, de miedo a que el otro sea distinto a mi, de ideales y morales creadas en otros tiempos y no siempre con las mejores intenciones, que no tenemos idea de quienes somos.

Piensen sólo una cosa. ¿Hay alguna cosa que ustedes se priven de hacer sólo porque si lo hacen le dan "permiso" a otro de hacer lo mismo?

Nuestro nivel de miedo a lo diferente es brutal, no validamos nada distinto de nosotros, y eso sucede porque no somos capaces de validarnos a nosotros mismos.

El mundo es diverso, Tangananica y Tangananá, que ya verá cada quien cual le acomoda más.

martes, 31 de mayo de 2016

La Pusilánime Sociedad New Age: La Diferencia Entre Hacer lo Correcto y el No Defendernos

Durante las últimas 24 horas me he visto expuesta a múltiples situaciones de violencia. Una de ellas directamente hacia mi, otras hacia amigas, otras hacia grupos a los cuales pertenezco y una última, de carácter físico y decisiva hacia una amiga cercana. Me molesta y duele reconocer que tuve que ver un acto de violencia físico para reaccionar a defender a alguien.

Tras el ataque que recibí el día de ayer, en presencia de otras personas, algo dentro mío quedó inquieto. No por el hecho de ser atacada, sino por el hecho de no haber hecho nada, no haberme defendido y también, debo decirlo, porque ninguno de los otros presentes lo hizo. Uno tras otro se sucedieron los otros actos de violencia, donde vi gente excusarse en "no querer meterse en problemas", "que para qué el desgaste de energía", "que no está bien", "que hay que ser comprensivos", que paz, amor, ley del karma y seamos evolucionados. Una creciente rabia se comenzó a apoderar de mi. Un conflicto interno me tuvo en un estrés emocional horrible durante todo el día.

Cuando el penúltimo acto de violencia sale a palestra (uno que lleva mucho tiempo gestándose, pero que por diferentes motivos hoy surgió y me afectó) me envaré y vomité mi rabia. Hablé: No puede ser, no es posible que estemos aguantando estas cosas. ¿Dónde están los límites? ¿Hasta donde vamos a permitir que se nos haga daño, a nosotros y a los que queremos? y no sólo a nosotros, sino a los proyectos que estamos llevando a cabo, a los movimientos que estamos generando para cambiar el mundo. ¿Cuándo decimos basta?

Estando en medio de esto, aparece la guinda de la torta. Violencia física. Me paró yo, se para alguien más y vamos a defender. Fue necesario un hecho de esa índole para lograr movilizarnos. Me avergüenza, me da rabia y sin embargo, me permite enmendar todos mis errores de las ultimas veinticuatro horas.

NO, no podemos permitirnos ser pusilánimes por culpa de un errado concepto de lo que es "correcto".   Hay momentos y situaciones para todo, cuando toca defender se toman los escudos y, si es necesario, las armas. Estamos hablando de personas que saben perfectamente lo que están haciendo, personas que no podemos cambiar, que no van a escuchar razones y que están haciendo un daño real.

Hoy estoy en pie de guerra, porque es lo que toca. En pie de guerra hacia los que me atacan a mi, atacan mi familia, atacan a mis amigos, atacan mis ideales y proyectos. Estoy en pie de guerra hacia personas ciegas, estrechas, dañinas y violentas. estas son mis tierras, esta es mi casa, este es mi templo y ustedes no lo van a destruir.

miércoles, 25 de mayo de 2016

Justicia de Brazos Caídos: El Derrumbe del Espíritu de la Ley

Todo comenzó cuando quise poner una demanda por acoso laboral en contra de mi jefe, Roberto Aspee, hace 4 años atrás. Llevaba un año aguantando sus malos tratos: Gritos, descalificaciones y comentarios peyorativos incluso sobre mi género o el hecho de que era rubia. Sin embargo, no me decidí a ir a la inspección sino hasta que me me hizo una evaluación donde me puso pésimas notas (En todos los items) y por ese motivo no se me pagó un bono de fin de año.

Entré a la inspección y ahí comenzaron mis verdaderos problemas. El primer comentario que recibí en la inspección fue "Hacer una demanda por acoso laboral es muy difícil, mejor denuncie por no pago de remuneraciones" (y fue esta la conclusión tras recorrer diversas oficinas, incluida la de una abogada de la misma Dirección del Trabajo). Sin saber yo nada de estos temas, decidí hacer caso. Puse la denuncia, lo que en lo personal no me sirvió de nada. Lo que yo quería era que se viera la subjetividad de la evaluación, que hablaran con alguien y pudieran comprobar que esas calificaciones no correspondían y que arbitrariamente se me estaba dejando sin una remuneración, lo que, a mi parecer, era acoso laboral. Sólo logre que fueran, revisaran mi contrato y multaran a la empresa por no tener mi contrato actualizado. Fail.

Después de esto pasaron un par de años en los cuales de una forma u otra evité el contacto con el Dr. Aspee, y sin embargo el ambiente fue empeorándose día a día, hasta llegar a bajas de sueldo, amenazas, descalificaciones profesionales sin argumentos, descalificaciones personales y múltiples episodios en los que se me hicieron acusaciones en frente del personal, los paciente y sus familiares, a los cuales yo sencillamente no contestaba. Lo bueno, pensaba yo, es que tenia registro de muchas de estas cosas. Así que secundario a un episodio particular, me dirigí nuevamente a la inspección del trabajo esta vez decidida a poner la demanda.

Al llegar, lo primero que se me dijo fue "Sin un informe de un psiquiatra no podemos poner una demanda". No me costó conseguirlo, pues a causa de más 4 años trabajando en ese ambiente laboral ya contaba yo con un psiquiatra y un psicólogo enterados de la historia, sin contar que una vez la misma ISAPRE me hizo peritaje por una licencia secundaria a acoso laboral y fue aceptada. Así que informe en mano, fui nuevamente. Logré poner la dichosa demanda, hablé con una nueva abogada y dejé el trámite cursado. Di nombres de testigos y las soluciones que yo buscaba: Que las evaluaciones no fueran hechas por él, que mi sueldo por tanto no dependiera de él y que me dejaran quedarme en el turno donde él no pasaba visita.

Un mes después de puesta la demanda, Roberto Aspee me desvincula de la empresa, coincidentemente. ¿Qué venía ahora? Yo poco sabía. Pero lo que debió haber sucedido es que la Dirección del Trabajo continuara la investigación, sin embargo la causa se desestimó PORQUE yo había sido desvinculada, en vez de considerarse como una consecuencia y un nuevo acto de acoso. Lo cierto es que de esto yo jamás me enteré, no me llegó notificación alguna y los mails que le envié a la abogada jamás fueron contestados. Mientras tanto yo ponía una demanda por Acoso Laboral por medio de tribunales.

Y es aquí donde mi sorpresa, hasta ahora presente pero no desbordada, llenó todos los espacios posibles. ¿Saben ustedes cuál era la primera conclusión de cada uno de los abogados (ojo, jueces y magistrados) a los que se le exponía mi caso? que yo había tenido una relación con el Dr. Aspee. Yo no podía creerlo, el nivel de discriminación, el nivel de empatía por lo demás, la forma de ver el mundo, la inexistencia de una real preocupación por la búsqueda de justicia. Pero era esto lo de menos. ¿Qué me importaba lo que pensaran los jueces mientras yo tuviera mi caso seguro, mis pruebas presentes, y mi propia convicción?

Pero entonces vino la segunda parte (mismos leguleyos que me metieron en la cama con el susodicho): "Los casos por acoso nunca se ganan" "los jueces van siempre a favor del empleador" "Ya nadie toma en cuenta estas demandas". Me quedé petrificada. La mayoría de ellos recomendaba hacer una demanda por otra cosa, nulidad del despido por ejemplo, pues así podría "sacar más plata". A estas alturas no me quedó más que confiar en le peso de mis pruebas. No iba yo a tribunales a "sacar plata", yo pedía que este hombre no afectara más la vida de los que seguían trabajando con el, quería que se  hiciera un tratamiento, que no evaluara a mis compañeros y que reconociera su falta. Y  también, ciertamente, que quedara registro en tribunales de su violación a los derechos fundamentales. Pero NADIE entendía esto. Otra vez la desesperanza, rondando los pasillos de los que velan por nuestra justicia.

Llegó el día de la primera audiencia y de entrada me encuentro con la carta de la Dirección del Trabajo desestimando mi causa en manos de los abogados de la Clínica Colonial (la cual yo nunca recibí) y a mi abogado diciendo que si ellos tenían eso, el juez iba a considerar la decisión de la inspección como mandatoria y no teníamos como ganar. De verdad yo no podía creerlo. Meses de stress se disolvieron ahí, en nada. Montones de pruebas reunidas y testigos no servían de absolutamente nada. Debo reconocer que el terrible monstruo de la desesperanza me comió ahí mismo y acepté la ridícula negociación que ofrecieron. Al día siguiente me arrepentí. Debería haberla rechazado y haber puesto la demanda de todas maneras, aunque la confianza en los tribunales fuera utópica, debería haber mantenido mis ideales hasta el final.

Soy una persona idealista, los que me conocen lo saben, durante los últimos meses he estado inserta en, al menos, dos mundos donde la desesperanza ha quebrado instituciones. El espíritu de la política, el espíritu de la ley, y muchos otros, se encuentran encogidos bajo enormes capas de "no se puede", y eso si que no puede ser. Hago un llamado a quienes dejaron sus brazos caer a volver a levantarse, a hacer las cosas como todos sabemos que deberían ser, sin miedo al fracaso, sin paralizarse por la desesperanza. Nos toca movernos, nos toca cambiar las cosas.

Este episodio sólo me dio más fuerzas, pues vi como yo misma caí ante el desaliento, y lo acepto, pero no quiero volver a sentirme así. No me conformo, no me paralizo.



domingo, 22 de mayo de 2016

La Política es un Monstruo: El Ciclo Vicioso del Miedo

Como muchos, jóvenes y no tanto,  por mucho años estuve atrapada por la idea de la impotencia de realizar cambios reales en el mundo político y por tanto, social. Básicamente desahucié la política y la abandoné a la espera (y esperanza) de su pronta muerte. Dejarse convencer por esta idea puede llevar por distintos caminos, el más frecuente, a mi parecer, es el de la indiferencia y la apatía. Están también las revoluciones, pero lo cierto es que es engañoso pensar que estas no forman parte de la misma política. Está el ataque, la violencia, que, hoy en día, ya nos dimos cuenta como sociedad que, sencillamente, no está bien. No importa hacia quien se ejerza la violencia, no importa a quien se golpeé o a quien se mate, si queremos cambiar la política, debemos partir por reconocernos todos como humanos, diferentes y dignos de respeto, porque si no partimos de esa base, lo que construyamos no será muy distinto de lo que reprochamos. 

No siendo esto suficiente, esta idea de que la política es algo moribundo, no es más que una ilusión. la política, surge naturalmente en las sociedades, es la forma a través de la cual la gente se reúne y decide quienes van a ser como sociedad. La política no va a morir jamás, pero sus formas, sus conceptos y sus ideales, si.

Ponerse de pie, agarrando fuertemente los ideales, y mirar de frente este tremendo monstruo que es el mundo político es, ciertamente, intimidante. Te sientes como un niño con una espada de juguete de camino hacia una batalla real. Nuestra propia desesperanza como sociedad, nos ha convencido de que no somos capaces de hacer un cambio y ese peso, nos mantiene escondidos, sumergidos en nuestro propio metro cuadrado y con miedo hacia todo lo que es externo. 

Tras mucho tiempo cansándome del como funcionan las cosas, e intentando hacer lo posible por mantener mi vida libre de las cosas que no me gustaban, llegué al punto de hartarme. Es como intentar tener tu metro cuadrado limpio en un basural: estás rodeado de basura igual, tienes el olor  nauseabundo igual, las plagas están por todos lado igual y, eventualmente, va a llegar un camión y te va a tirar su carga encima alguna o varias veces. Así que decidí ir a ver si puedo transformar el basural en un lugar donde me guste vivir, en algo más.

Así fue como llegué a postularme como concejal. Mi mayor miedo era a cambiar, a dejarme corromper por este mundo que consideraba serpentino, y que lo es. Pero eso no sucede. Tras algún tiempo moviéndome por aquí, me he dado cuenta de que la gente no cambia, como mucho se potencian sus rasgos negativos. pero la gente “mala” de la política, ya era así de antes.

El lugar desde donde vino el golpe no me lo esperaba, el gran ogro contra el que hay que luchar, es la desesperanza. Mucha gente en política no quiere que se produzcan cambios, no les conviene que nuevas ideas surjan desde dentro y se hagan fuertes, y muchos de ellos tienen el suficiente poder como para ahogar cualquier intento tuyo de intentar realizar un cambio. Cuando tratas de moverte, de hacer algo y sencillamente no puedes, es brutalmente desesperanzador. No tirar la toalla en el camino y dejarse derrotar es casi de una porfía enfermiza.

Pero la ayuda viene de los lugares más impensados. Hay gente maravillosa también en estos mundos, personas que, a mi parecer, han aprendido a moverse sin ser vistos, han sobrevivido dentro de este mundo adaptándose a sus formas, pero sin renunciar en absoluto a sus ideales, lo que, debo decirlo, me parece súmamente inteligente y está a años luz de lo que yo con mi inocencia pueril puedo hacer. Pero ellos te ayudan, mucho, y te dan fuerzas para seguir y no caer en el pozo negro de la desesperanza.


Sigo creyendo que se puede y sigo intentando transformar este basural en un campo de flores, en una sociedad consciente y sin miedo, porque el miedo a ser quienes somos, el miedo a aceptarnos, nace de la política que hemos creado, de la sociedad que hemos creado, donde nosotros mismos seguimos aportando a nuestra propia discriminación. Una sociedad político cultural distinta, donde se nos acepte como somos, donde se nos respete sin importar nuestras diferencias, rompe el miedo, nos permite atrevernos a ser quienes somos y nos hace felices. Y es en eso en lo que creo.

jueves, 5 de marzo de 2015

No Estoy Ni Ahí

Tanto le ha costado a la historia lograr lo que tenemos en términos de organización social, gobierno y derechos de los ciudadanos, que sorprende lo poco que lo valoramos. Puede que muchos pongan en duda el hecho de que esto sea una democracia usando argumentos idealistas o puristas y sin embargo tenemos derecho a sufragar en un sistema relativamente transparente, con un nivel de seguridad en el sistema superior a muchos países. El problema no es que el gobierno corrupto altera los votos y manipula los resultados, el problema es que no votamos y que los que votan parecen no estarlo haciendo por alguien que los represente. El problema es que no estamos ni ahí, ni para hacer uso de nuestro derecho a voto ni para hacer uso de nuestro derecho a ser candidatos y nos quejamos del resultado.

Ah! Pero tomamos riendas en el asunto, nuestra mayor acción de disconfort es presionar el botón compartir. Incluso, algunas veces, hacemos nuestros propios comentarios o memes. No somos capaces de modificar lo que nos molesta, como sociedad estamos echados plácidamente en nuestra zona de confort quejándonos de que nadie mueve un dedo y que las cosas están mal. Nos hemos transformado en un pueblo nihilista, al fin y al cabo, las cosas están mal, pero en realidad no están tan mal como para que hagamos algo más que hacer una marcha de vez en cuando y publicar las fotos en las redes sociales.

Estoy de acuerdo, pues lo he visto de cerca, en que el sistema está viciado y estancado. Los puestos de poder apernados y apitutados, es casi imposible entrar al sistema, no importan los estudios ni las intenciones. Sin embargo existe una forma de cambiarlo y esta es hacer uso del derecho de voto. ¿pero por quién votamos? bueno, hay otro derecho, el de ir y decir "yo quiero hacer algo, voten por mí".

Por favor, menos Chino Ríos y más Gabriel Boric.


Salud por eso.

martes, 20 de enero de 2015

Centros de Madres y la Política Chilena

No vayan a creer que esto es pelar por pelar. Yo también pertenezco a un partido político, a la DC. Pero las cosas como son. Los partidos políticos hoy por hoy no son más que centros de madres. Tan sólo les falta el mate y el tejido. Se juntan a hablar del pasado, hacen homenajes y conmemoraciones, pelan a los vecinos. Incluso una vez, en una reunión en plenos siglo 21, escuché decir: “Es que los comunistas…” y no sabría decirles que más, porque ahí dejé de escuchar y a los poco minutos me fui. Esto a nivel de núcleos periféricos, comunales, regionales.

Un poco más profesionalmente, entramos en la elite intelectual (no así de poder), que discute los grandes temas. Horas y horas gastadas, recursos, congresos, especialistas, y creen que el sólo hecho de discutir va a cambiar algo. En realidad no hacen nada, lo que se discute queda ahí, no se usa para nada, no le interesa a nadie más que a los presentes, y sólo mientras dura la reunión. Por supuesto que siempre saltan a colación los grandes ideales, normalmente en voz de algún cuasi prócer, ¡y como no nombrarlos!, y es que no hay nada más importante que la paz mundial y el fin del hambre.

Finalmente llegamos a los verdaderos grupos de poder, que a fin de cuentas actúa por su propio pensamiento, influenciados por la ideología correspondiente.
No hay articulación, y tristemente hay una gran estratificación. A primera, segunda y tercera vista parece una pirámide de clases de la Edad Moderna, tan ajena a la nueva sociedad líquida, que poco atrae a una generación que cree en la horizontalidad, la cooperación, la transparencia, lo mutable y que funciona en red.

Es hora de que las cabezas en política dejen de ser monárquicas, los linajes han demostrado históricamente no ser efectivos, esto sin contar que sólo anquilosan  las instituciones. Es hora de que surjan líderes, capaces de articular los distintos estratos, encausar a la gente en un sendero central. Es hora de que dejemos de vivir en el pasado y de la paja en el ojo ajeno, hagámonos cargo de nosotros, adaptémonos a una sociedad mutable, con otras escalas jerárquicas, que funciona en redes, para la cual la información es un bien común e innegable y lo material desechable.


A ver si somos capaces de tomarlo con autocrítica y algo de humor.