domingo, 22 de mayo de 2016

La Política es un Monstruo: El Ciclo Vicioso del Miedo

Como muchos, jóvenes y no tanto,  por mucho años estuve atrapada por la idea de la impotencia de realizar cambios reales en el mundo político y por tanto, social. Básicamente desahucié la política y la abandoné a la espera (y esperanza) de su pronta muerte. Dejarse convencer por esta idea puede llevar por distintos caminos, el más frecuente, a mi parecer, es el de la indiferencia y la apatía. Están también las revoluciones, pero lo cierto es que es engañoso pensar que estas no forman parte de la misma política. Está el ataque, la violencia, que, hoy en día, ya nos dimos cuenta como sociedad que, sencillamente, no está bien. No importa hacia quien se ejerza la violencia, no importa a quien se golpeé o a quien se mate, si queremos cambiar la política, debemos partir por reconocernos todos como humanos, diferentes y dignos de respeto, porque si no partimos de esa base, lo que construyamos no será muy distinto de lo que reprochamos. 

No siendo esto suficiente, esta idea de que la política es algo moribundo, no es más que una ilusión. la política, surge naturalmente en las sociedades, es la forma a través de la cual la gente se reúne y decide quienes van a ser como sociedad. La política no va a morir jamás, pero sus formas, sus conceptos y sus ideales, si.

Ponerse de pie, agarrando fuertemente los ideales, y mirar de frente este tremendo monstruo que es el mundo político es, ciertamente, intimidante. Te sientes como un niño con una espada de juguete de camino hacia una batalla real. Nuestra propia desesperanza como sociedad, nos ha convencido de que no somos capaces de hacer un cambio y ese peso, nos mantiene escondidos, sumergidos en nuestro propio metro cuadrado y con miedo hacia todo lo que es externo. 

Tras mucho tiempo cansándome del como funcionan las cosas, e intentando hacer lo posible por mantener mi vida libre de las cosas que no me gustaban, llegué al punto de hartarme. Es como intentar tener tu metro cuadrado limpio en un basural: estás rodeado de basura igual, tienes el olor  nauseabundo igual, las plagas están por todos lado igual y, eventualmente, va a llegar un camión y te va a tirar su carga encima alguna o varias veces. Así que decidí ir a ver si puedo transformar el basural en un lugar donde me guste vivir, en algo más.

Así fue como llegué a postularme como concejal. Mi mayor miedo era a cambiar, a dejarme corromper por este mundo que consideraba serpentino, y que lo es. Pero eso no sucede. Tras algún tiempo moviéndome por aquí, me he dado cuenta de que la gente no cambia, como mucho se potencian sus rasgos negativos. pero la gente “mala” de la política, ya era así de antes.

El lugar desde donde vino el golpe no me lo esperaba, el gran ogro contra el que hay que luchar, es la desesperanza. Mucha gente en política no quiere que se produzcan cambios, no les conviene que nuevas ideas surjan desde dentro y se hagan fuertes, y muchos de ellos tienen el suficiente poder como para ahogar cualquier intento tuyo de intentar realizar un cambio. Cuando tratas de moverte, de hacer algo y sencillamente no puedes, es brutalmente desesperanzador. No tirar la toalla en el camino y dejarse derrotar es casi de una porfía enfermiza.

Pero la ayuda viene de los lugares más impensados. Hay gente maravillosa también en estos mundos, personas que, a mi parecer, han aprendido a moverse sin ser vistos, han sobrevivido dentro de este mundo adaptándose a sus formas, pero sin renunciar en absoluto a sus ideales, lo que, debo decirlo, me parece súmamente inteligente y está a años luz de lo que yo con mi inocencia pueril puedo hacer. Pero ellos te ayudan, mucho, y te dan fuerzas para seguir y no caer en el pozo negro de la desesperanza.


Sigo creyendo que se puede y sigo intentando transformar este basural en un campo de flores, en una sociedad consciente y sin miedo, porque el miedo a ser quienes somos, el miedo a aceptarnos, nace de la política que hemos creado, de la sociedad que hemos creado, donde nosotros mismos seguimos aportando a nuestra propia discriminación. Una sociedad político cultural distinta, donde se nos acepte como somos, donde se nos respete sin importar nuestras diferencias, rompe el miedo, nos permite atrevernos a ser quienes somos y nos hace felices. Y es en eso en lo que creo.

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