miércoles, 25 de mayo de 2016

Justicia de Brazos Caídos: El Derrumbe del Espíritu de la Ley

Todo comenzó cuando quise poner una demanda por acoso laboral en contra de mi jefe, Roberto Aspee, hace 4 años atrás. Llevaba un año aguantando sus malos tratos: Gritos, descalificaciones y comentarios peyorativos incluso sobre mi género o el hecho de que era rubia. Sin embargo, no me decidí a ir a la inspección sino hasta que me me hizo una evaluación donde me puso pésimas notas (En todos los items) y por ese motivo no se me pagó un bono de fin de año.

Entré a la inspección y ahí comenzaron mis verdaderos problemas. El primer comentario que recibí en la inspección fue "Hacer una demanda por acoso laboral es muy difícil, mejor denuncie por no pago de remuneraciones" (y fue esta la conclusión tras recorrer diversas oficinas, incluida la de una abogada de la misma Dirección del Trabajo). Sin saber yo nada de estos temas, decidí hacer caso. Puse la denuncia, lo que en lo personal no me sirvió de nada. Lo que yo quería era que se viera la subjetividad de la evaluación, que hablaran con alguien y pudieran comprobar que esas calificaciones no correspondían y que arbitrariamente se me estaba dejando sin una remuneración, lo que, a mi parecer, era acoso laboral. Sólo logre que fueran, revisaran mi contrato y multaran a la empresa por no tener mi contrato actualizado. Fail.

Después de esto pasaron un par de años en los cuales de una forma u otra evité el contacto con el Dr. Aspee, y sin embargo el ambiente fue empeorándose día a día, hasta llegar a bajas de sueldo, amenazas, descalificaciones profesionales sin argumentos, descalificaciones personales y múltiples episodios en los que se me hicieron acusaciones en frente del personal, los paciente y sus familiares, a los cuales yo sencillamente no contestaba. Lo bueno, pensaba yo, es que tenia registro de muchas de estas cosas. Así que secundario a un episodio particular, me dirigí nuevamente a la inspección del trabajo esta vez decidida a poner la demanda.

Al llegar, lo primero que se me dijo fue "Sin un informe de un psiquiatra no podemos poner una demanda". No me costó conseguirlo, pues a causa de más 4 años trabajando en ese ambiente laboral ya contaba yo con un psiquiatra y un psicólogo enterados de la historia, sin contar que una vez la misma ISAPRE me hizo peritaje por una licencia secundaria a acoso laboral y fue aceptada. Así que informe en mano, fui nuevamente. Logré poner la dichosa demanda, hablé con una nueva abogada y dejé el trámite cursado. Di nombres de testigos y las soluciones que yo buscaba: Que las evaluaciones no fueran hechas por él, que mi sueldo por tanto no dependiera de él y que me dejaran quedarme en el turno donde él no pasaba visita.

Un mes después de puesta la demanda, Roberto Aspee me desvincula de la empresa, coincidentemente. ¿Qué venía ahora? Yo poco sabía. Pero lo que debió haber sucedido es que la Dirección del Trabajo continuara la investigación, sin embargo la causa se desestimó PORQUE yo había sido desvinculada, en vez de considerarse como una consecuencia y un nuevo acto de acoso. Lo cierto es que de esto yo jamás me enteré, no me llegó notificación alguna y los mails que le envié a la abogada jamás fueron contestados. Mientras tanto yo ponía una demanda por Acoso Laboral por medio de tribunales.

Y es aquí donde mi sorpresa, hasta ahora presente pero no desbordada, llenó todos los espacios posibles. ¿Saben ustedes cuál era la primera conclusión de cada uno de los abogados (ojo, jueces y magistrados) a los que se le exponía mi caso? que yo había tenido una relación con el Dr. Aspee. Yo no podía creerlo, el nivel de discriminación, el nivel de empatía por lo demás, la forma de ver el mundo, la inexistencia de una real preocupación por la búsqueda de justicia. Pero era esto lo de menos. ¿Qué me importaba lo que pensaran los jueces mientras yo tuviera mi caso seguro, mis pruebas presentes, y mi propia convicción?

Pero entonces vino la segunda parte (mismos leguleyos que me metieron en la cama con el susodicho): "Los casos por acoso nunca se ganan" "los jueces van siempre a favor del empleador" "Ya nadie toma en cuenta estas demandas". Me quedé petrificada. La mayoría de ellos recomendaba hacer una demanda por otra cosa, nulidad del despido por ejemplo, pues así podría "sacar más plata". A estas alturas no me quedó más que confiar en le peso de mis pruebas. No iba yo a tribunales a "sacar plata", yo pedía que este hombre no afectara más la vida de los que seguían trabajando con el, quería que se  hiciera un tratamiento, que no evaluara a mis compañeros y que reconociera su falta. Y  también, ciertamente, que quedara registro en tribunales de su violación a los derechos fundamentales. Pero NADIE entendía esto. Otra vez la desesperanza, rondando los pasillos de los que velan por nuestra justicia.

Llegó el día de la primera audiencia y de entrada me encuentro con la carta de la Dirección del Trabajo desestimando mi causa en manos de los abogados de la Clínica Colonial (la cual yo nunca recibí) y a mi abogado diciendo que si ellos tenían eso, el juez iba a considerar la decisión de la inspección como mandatoria y no teníamos como ganar. De verdad yo no podía creerlo. Meses de stress se disolvieron ahí, en nada. Montones de pruebas reunidas y testigos no servían de absolutamente nada. Debo reconocer que el terrible monstruo de la desesperanza me comió ahí mismo y acepté la ridícula negociación que ofrecieron. Al día siguiente me arrepentí. Debería haberla rechazado y haber puesto la demanda de todas maneras, aunque la confianza en los tribunales fuera utópica, debería haber mantenido mis ideales hasta el final.

Soy una persona idealista, los que me conocen lo saben, durante los últimos meses he estado inserta en, al menos, dos mundos donde la desesperanza ha quebrado instituciones. El espíritu de la política, el espíritu de la ley, y muchos otros, se encuentran encogidos bajo enormes capas de "no se puede", y eso si que no puede ser. Hago un llamado a quienes dejaron sus brazos caer a volver a levantarse, a hacer las cosas como todos sabemos que deberían ser, sin miedo al fracaso, sin paralizarse por la desesperanza. Nos toca movernos, nos toca cambiar las cosas.

Este episodio sólo me dio más fuerzas, pues vi como yo misma caí ante el desaliento, y lo acepto, pero no quiero volver a sentirme así. No me conformo, no me paralizo.



4 comentarios:

  1. Está historia es muy distinta vista desde fuera, el Dr. Aspée le exigió ser mejor Dra. y lo fue gracias a él. Yo vi cuando Ud. llegó y sus habilidades no eran las suficientes para el cargo y al igual que muchas de su generación crecieron y aprendieron. Él es duro pero lo hace con un objetivo, que Ud. sea mejor y sé que con los años se dará cuenta que gracias al Dr. Aspée Ud. es mejor Dra. Yo era su asistente personal y si, fue duro pero me llevó al máximo de mis capacidades y le estoy agradecida.

    Andrea León M.

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  2. No hay justificación para los malos tratos. No importa cuanto haya aprendido yo o cualquiera en la Clínica, "La letra con sangre entra" es un dicho que, gracias a la evolución humana, ha quedado en el oscuro pasado de la humanidad. Las conductas abusivas, más aún si vienen de un cargo de poder, son reprochables siempre. Vi a muchos colegas y compañeros de equipo sufrir por los malos tratos del Dr. Aspee y la señora Maria Antonieta. Jamás he negado haber aprendido temas clínicos en los más de 4 años que estuve ahí, conté no sólo con la guía de buenos ucistas, sino con excelentes colegas compañeros de turno y un equipo de trabajo maravilloso con el que aún tengo relaciones cercanas, y de los que, repito, aprendí infinidades.

    Es esperable que no contara con los conocimientos requeridos para el cargo, pues el doctor Aspee contrata médicos generales, muchas veces recién titulados e incluso se vieron con títulos pendientes, para un trabajo que debería ser realizado por un médico especialista, como es el de ser residente de un servicio de cuidados intensivos. Este manejo, así como el manejo de procedimientos, no están en la formación de un médico general.

    Gracias a Roberto Aspee yo aprendí que uno nunca debe permitirse ser maltratado, ni por miedo, ni por flojera a dejar la zona de confort, ni por "ser responsable". Eso te lo concedo, gracias al Dr. Aspee soy mejor.

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  3. Dra. Ud no merecía el 100% del bono... A eso me refiero... El día que se de cuenta que obtuvo la evaluación que se merecía, sabrá porque la inspección no estuvo a su favor. Si hubiese sido a su favor... Se hubiese hecho justicia a sus ojos?... Seamos imparciales... Ud. no cumplía con el standar en ese minuto... Y escribir un blog sin fundamentos no corresponde... Me refiero a sin fundamentos a que pregunte a todo aquel que trabajó con Ud. si estaba capacitada, muchas rubias obtuvieron el bono, muchas mujeres tb, muchos hombres amigos del Dr. Aspée no lo recibieron en un 100%, así que discriminacion fue a sus ojos...

    Saludos,

    Andrea

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  4. Que terrible lo que tuviste que vivir, pero estoy seguro que aquella experiencia sirvió para hacerte más fuerte.

    Yo pasé por algo similar hace unos años. No acoso laboral, pero sí decepciones en la justicia con respecto a una demanda laboral por despido injustificado.
    Además de alegar por el despido, yo pedía un monto de 2,5 millones que me adeudaba en trabajos realizados y el pago de mis cotizaciones de más de un año.
    Luego de haber ganado el juicio en primera y segunda instancia, seguía el trámite de apelaciones.
    Cuento corto, me junté con mi empleador luego de más de 3 años de ocurrido el hecho, para llegar a un acuerdo amigable, Le acepté un millón de pesos en cómodas 10 cuotas.
    No fue lo que esperaba pero quedé satisfecho

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